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El coraje de la mujer developer

«Be bold» (sé valiente) repetían los post its y mensajes a lo largo de toda la conferencia de Grace Hopper. Era la segunda a la que había asistido Lu Capón, y ya se marcaba la diferencia con la anterior. Esta vez, nosotras mismas nos estábamos alentando. «Speak out» (hablá), arengaban otras a través de diferentes intervenciones artísticas. Y es que la mujer developer de hoy, no siempre tiene el valor para hablar por sí misma, para hacerse escuchar en el mundo en el que nos movemos. Por eso, esta edición giró muchas veces alrededor de un eje que intentaba contrarrestar el «síndrome del impostor».

El síndrome del impostor

Pero, ¿qué es este síndrome? Cuando Lu lo mencionó en una charla que tuvimos hace unos días sospeché de qué se trataba. Me imaginé que estaba relacionado a la poco novedosa situación de las chicas en tecnología, que estamos intentando cambiar de manera muy paulatina, pero por suerte progresiva, con una gran lucha ideológica que atraviesa fronteras y zonas horarias.

El síndrome del impostor es «eso que no te permite reconocer tus logros», me dijo Lu. Aquél estado en el que no podés identificar como propias tus metas alcanzadas, en el que constantemente vos misma desmerecés tu trabajo. “Me lo reconozco a diario”, confesó ella. Y yo me quedé helada, al instante pasaron por mi mente una tras otra, un montón de situaciones en las que ahora me veía exactamente en esa misma postura. Pero, inmediatamente pensé en la cantidad de personas que habían podido colaborar para que eso suceda, en Lu, en mí, en todas y cada una de las chicas. ¿Cuántas veces alguien había desmerecido nuestro trabajo frente al de algún hombre? ¿Cuántas veces alguien se había reído de algo que dijimos, hicimos, propusimos? ¿Cuántas veces no habíamos tenido siquiera espacio para participar? En ese escenario, el síndrome del impostor era prácticamente una consecuencia obvia.

La cuestión es que hoy, en nuestro contexto actual, las condiciones son mucho más favorables que hace 10 años atrás. Vir Barros (ex-intivefedeviana que también asistió con Lu a Grace Hopper) nos contó que en una de las keynote speakers Padmasree Warrior planteó el siguiente esquema, donde se pasa de lo que las mujeres solían ser/hacer a cómo se están plantando en la actualidad:

Solían ser principantes >>> Ahora son influencers

Solían ser seguidoras >>> Ahora son líderes

Solían imitar a los hombres >>> Ahora pueden ser ellas mismas

Solían contribuir con la sociedad >>> Ahora crean comunidades

Solía no tener una voz fuerte >>> Ahora pueden hablar y compartir sus experiencias

Hoy, en general, trabajamos con personas que tienen otra concepción del género, que no juzgan la calidad de nuestro trabajo por sus propias apreciaciones personales. Pero este problema continúa arraigado en nuestro inconsciente. «En general, te sentís una invitada» (en el rubro), dice Lu. Seguimos denostando nuestro propio trabajo.

¿Cómo logramos salir?

Este cambio tiene que venir desde nosotras mismas. Y hay algunas claves que podemos tener en cuenta.

1) Incorporar prácticas nuevas.

Hace poco Nahuel Zapata propuso incluir la mención de algo que nos enorgullezca de las últimas dos semanas, en cada review. Este tipo de prácticas pueden ayudar, sea cual sea la identidad de género, a salvar esta traba interna. Otra propuesta de Vir Barros es la de brindar reviews cruzadas, recibir feedback positivo de los demás.

2) Inspirarnos con otras personas.

Encontrar inspiración también nos empodera para poder plantearnos metas más ambiciosas, creer que todo es posible. En el caso de Lu, en la Grace Hopper se encontró con Rebecca Parsons, quien, CEO de su empresa, totalmente motivada por el ahorro de energía, desarrolla juguetes que pueden generarla por sí mismos. A Lu le quedaron grabadas algunas de sus palabras: «Find the words you want to be and live that» (“Encontrá las palabras que querés ser y vivilas”). “Que se sumen más mujeres a las posiciones decisorias o de influencia que pueden lograr cambios”, me decía Lu.

3) Estar alertas.

Si identificamos que alguien no colabora por el síndrome del impostor podemos hacerlo notar. Asimismo, estamos habilitadas a actuar en el sentido contrario: celebrar nuestros logros y los de los demás.

4) Convertirnos en fuentes de influencia.

En la Grace Hopper Lu se encontró con un workshop de crecimiento personal, y le pareció de mucha utilidad. El primer paso para poder ser influencers es creer en nosotras mismas. Hace falta un trabajo personal para tener claridad en nuestros objetivos y poder asumir la responsabilidad de las tareas, asegurar nuestra posición ante ciertos escenarios. El orgullo es la principal herramienta para poder influenciar.

5) Hacer un trabajo introspectivo.

Desdramatizar los fracasos y “amigarse más con ellos”. “De los errores aprendemos, los recordamos y nos reímos”, afirma Vir.

6) Animarse a pedir feedback.

Con respecto a este punto, Vir comenta: “Muchas veces nos quedamos con nuestros pensamientos y nos boicoteamos. Aveces es mejor parar un poco y pedir la opinión de un tercero. Es parte del proceso de desarrollo y tenemos que exigirlo”.

Hoy el mundo nos plantea otras oportunidades. Nosotras somos las primeras que tenemos que creer: en las posibilidades, en lo infinito de nuestras capacidades. La clave para que las mujeres en tecnología encontremos el coraje no está en los demás, sino en nosotras mismas.

Paula Becchetti

Paula es la editora del blog de intive – FDV. Licenciada en Comunicación Audiovisual de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), se destaca como Content Manager especializada en blogs, contenido web, email marketing y social media. Su amplia experiencia en la industria del software la hace muy valiosa a la hora de traducir contenidos técnicos a un lenguaje coloquial. Según sus propias palabras: “Me conecto con el mundo por medio de la tecnología, pero también a través de todo aquello que respira, del deporte, de la música y de mis viajes”.

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