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“Las mujeres no saben programar”

La primera computadora adquirida por una universidad argentina, “Clementina”, estuvo instalada y lista para su uso el 15 de Mayo de 1961, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Era una Mercury, de la marca Ferranti. La capacitación intensiva de programación en Autocode, para poder utilizar a Clementina, estuvo a cargo de la profesora Cicely Popplewell, de la Universidad de Manchester. Así comenzaba la educación en informática en nuestro país.

Nos preguntamos entonces, ¿cómo es posible que, tan solo unos años después, Rosita Wachenchauzer se haya encontrado con frases como la que titula este artículo? “Las mujeres saben editar, saben redactar, saben entrevistar, pero no saben programar”.

Wachenchauzer forma parte del panel de la Facultad de Ingeniería de la UBA sobre Mujeres en Sistemas, que pone sobre la mesa temas de discriminación de género: experiencias pasadas, presentes y proyecciones sobre el futuro. Luego de su 8va edición, estas grandes profesionales se han acercado a nuestras oficinas para compartir sus historias de vida.

Sobre nuestras invitadas

Wachenchauzer se recibió de Lic. en Matemáticas de la Facultad de Ciencias Exactas. Es profesora de la FIUBA y de UNTREF, es Secretaria de Planificación Académica y de Investigación de la FIUBA y es también ex-presidenta de SADIO. Silvia Ramos es Licenciada en Análisis de Sistemas de la Facultad de Ingeniería de la UBA y Docente investigadora del área de Métodos Cuantitativos de la Facultad de Ingeniería. Lucía Navarro lleva la agenda de cuestión de género y diversidad, y la coordinación de la Facultad de Ingeniería. Ella trabaja en la Secretaría de Inclusión, Género, Bienestar y Articulación social.

Silvia: “Antes no era de los roles más codiciados, la programadora era el equivalente a la enfermera, comparable a las perforadoras de tarjetas, a la gente que trabajaba en el centro de cómputos, eran tareas “menores”. Entonces no hacía tanto ruido, porque nadie quería hacer esa tarea”.

Rosita: “Desaparece ese rol de la mujer cuando el rol del programador sube en la escala salarial. ¿Por qué hay menos mujeres trabajando en la industria y hay más en la docencia? Porque en la docencia todos ganamos bastante mal. Mi teoría no confirmada es que hay una cuestión económica, los trabajos mal remunerados son para las chicas y los bien remunerados para los chicos”.

¿Qué pasa con ser mujer en la industria en la década del 70? Rosita nos cuenta su historia, cómo se recibió en Matemática en el ‘73, cómo continuó más tarde siendo autodidacta en Computación. Más tarde, ingresó en un curso de computación para estudiantes universitarios en la ORT, organizado por la ACT (Asesores Científicos Técnicos) y fue la única en finalizar, momento en el cual le ofrecieron trabajo directamente. Años más tarde, le negarían el acceso a un ascenso por ser mujer (por tener marido, por cumplir horarios para retirar a sus hijos del jardín, etc.), todo lo que derivaría en su renuncia al puesto. “Después mis altibajos tuvieron que ver más con la política, que con las cuestiones de género. Hoy me parece que el Estado en general, es menos “ciego” a las cuestiones de género, discrimina en menor medida”. “Por lo menos en algunas facultades, en lo formalmente visible”, acota Lucía. Nadie va a decirte que “no necesitás ganar el concurso porque tu marido gana plata.”

Silvia, de la camada del ‘84, cuenta que actualmente “la dinámica del Estado es diferente, además de que hay toda una protección social y legal que no existe en otros lugares. La discriminación pasa más por política o favoritismo. Pero tampoco hay tantas oportunidades, para ascender tenés que concursar, laburar con gente que te deje laburar, que fue la suerte que yo tuve”.

Las políticas sociales y universitarias

Grandes nombres (actuales o históricos) nos vienen a confirmar que la idea de que las mujeres no saben programar está completamente fuera de lugar. Rosita nombra solamente a algunas:

Así y todo, hoy continuamos con un 10% de mujeres en promedio, en las carreras en las que dictan clases Wachenchauzer y Ramos. Así que, pregunta Euge Laguna, nuestra gerenta de marketing, ¿Qué debería hacer la universidad y la sociedad en general? Para Rosita, una de las medidas fundamentales es la de lograr una licencia por maternidad / paternidad igualitaria.

“Las políticas avanzan y acompañan el proceso pero la transformación cultural no lo permite”. Cuando llegan a la casa, la división de tareas del hogar sigue siendo la misma. Esto lo pudimos notar en el CONICET, en donde la diferencia entre hombres y mujeres que trabajan en investigación es evidente. Los padres que están de licencia de paternidad siguen avanzando igual durante el período de licencia, mientras que las madres no, porque se dedican al cuidado de los hijos, expone Lucía.

La Noche de los Bastones Largos del 66, no solamente trajo como consecuencia un vaciamiento de investigadores y profesionales, sino que también finalizó con el desmantelamiento total de Clementina, que, desde ese momento, terminó destinada a “apoyar las bandejas con café” (Ana Diamant). Estemos atentas, nosotras, las mujeres en sistemas, sigamos luchando y compartiendo nuestras historias, para que nunca terminemos siendo relegadas a servir esas mismas tazas de café.

Paula Becchetti

Paula es la editora del blog de intive – FDV. Licenciada en Comunicación Audiovisual de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), se destaca como Content Manager especializada en blogs, contenido web, email marketing y social media. Su amplia experiencia en la industria del software la hace muy valiosa a la hora de traducir contenidos técnicos a un lenguaje coloquial. Según sus propias palabras: “Me conecto con el mundo por medio de la tecnología, pero también a través de todo aquello que respira, del deporte, de la música y de mis viajes”.

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